jueves, 28 de octubre de 2010

Páramos del poniente

.: Otra ráfaga de arena invade nuestro espacio, en minutos se disuelve en el más allá. Una corriente de aire cálido nos hace cómplices, nada nos importa: no sabemos si esto es El Cairo o los médanos de la costa de Buenos Aires, pero aquí estamos, sabemos que estamos, sabemos el último número de teléfono que marcamos, que nos despertamos cuando el sol aparecía.
Debe ser el mediodía de los medios días que pasamos sin comida y sin sombra. Los médanos son infinitos, y nuestros pasos, diferenciales. Correr, saltar, todo lo que denote un avance longitudinal es en vano. Girar no, porque bailamos y a vos te gusta. Le bailamos a la arena que nos encandila y al oasis que imaginamos, lejano. Pero cuesta, perdemos la sal y nuestros cuerpos se debilitan, poco a poco.

En este momento no me puedo dormir, estoy tranquilo con vos acá, pero ese impulso por querer protegerte los ojos, cada vez me acentúa más la esperanza de que el mar está cerca y que no es sólo mi volátil imaginación :.

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