Solía mirarme en el espejo, ansioso de parecerme a una de ellas, pero mis intentos eran en vano, siempre me veía a mi mismo en el espejo, y ningún signo de evolución.
Con lo que me costaba pararme, y ya quería volar!
Si, a duras penas podia subirme al banquito que me habia hecho el carpintero ese (en algún relato dejaré mis explicaciones sobre ese personaje, aunque hay quien ya sabe de su existencia) que vivia donde yo creia vivir.
Mi madre se reía cada vez que yo, subido al banquito, imitaba el vuelo de las palomas. Es más, me sentaba en el sillón del living, me prendía el televisor y me dejaba volar con la imaginación y con los pájaros extraños que aparecian en la caja boba.
Cada tanto volvía a la plaza acompañado de mi abuelo, el único que no se reía de mi, el que me alentaba y me daba toda su esperanza "Vamos nietito, vos podés con ellos, con los que no te creen". Nos sentabamos en los bancos que construia aquel carpintero, a darle maiz a las palomas. Yo lo unico que quería era atrapar una para develar sus secretos (que encima sabían todas las palomas).
Retomando detalles, me fui dando cuenta que si era diferente; en efecto, ellas tenian mucha más libertad de elegir. Por eso al nacer, habían decidido ser libres y poder huir cuando les diera la gana. En cambio, parecía que habían decidido sobre mi y sobre mi existencia. Siempre soñé con la voz que clasificaba 'Tu no volarás'.
Les cuento también, que después de tanto observar aquellos animales, que tuve una visión y un destino bastante extraño.
Yo no quería ir con ellos, pero como de costumbre, me deje arrastar (sin oponer resistencia) a ver el río y las montañas que ya conocía. Dicen que los lugares cambian según la gente con la que uno esta, bueno este lugar parecía diferente.
Ese lugar cambio todo. Yo no sabía que mi carpintero me habia mandado un regalo, yo pensé que ya me habia abandonado, porque nunca más pude volver con mi abuelo, nunca más quise ir a esa plaza, ya me habían convencido de que mis alas no servían para eso.
Lo que yo menos esperaba era que mi carpintero me mandara un taco de madera para que ponga mi nombre, y además, pueda decidir que tipo de alas tener. Por suerte conocía gente con ese mismo taco, gente con alas muy bonitas, pequeñas, grandes, no interesaba, servían para cumplir mi sueño.
Quizás me arrepiento de no haberle hecho caso a mi viejo guía, les comento, decidí tener un par de alas que no sirven para volar, pero que sirven para alejarme lo suficiente de cualquiera que intente lastimarme.
Que bonito Jero,
ResponderEliminarla verdad que valio la pena leerlo.
En serio me gusto
*.*
Espero el proximo,
Te quiero Mucho :)
ah,
ResponderEliminarme olvidaba.
Estoy orgullosa de vos.
me gusta que contes estas cosas
ResponderEliminarme hacen conocerte un poco mas
y se que hay una grn persona adentro del modelo :D
jajaj te banco jero por ayudarme a hacer esas jodas
pero tmb por estas cosas que me haces leer que me llegan de enserio