A veces el amor dura unos segundos,
un código postal,
un lugar a donde no llega el tren.
En el desierto donde los hoteles son de árboles de palmera,
donde dejaste la yerba secándose,
donde trabajo desde la austeridad para relucir mis bronces.
Allá el amor dura lo que transpiro cuando me mirás,
evaporados y efusivos,
los besos que se acercan a la eterna asíntota.
Aquel astronauta no puede comer mermelada.
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